Texto a introducir

pie de foto

más texto

Quique fue el entrenador que logró el primer ascenso del Levante a Primera División. Sustituyó a Lelé, que dimitió a mitad de temporada para fichar por el Coruña. Paradójicamente ambos equipos se cruzaron en la eliminatoria de promoción de la máxima categoría. Y el resultado pareció un ajuste de cuentas que el destino le tenía reservado al técnico gallego: El Coruña bajó a Segunda mientras el Levante ascendió al reino de los cielos del fútbol español.  

más texto

pie de foto

A la media hora Vall pudo haber inaugurado el marcador tras un gran pase de Domínguez pero, aunque el balón acabó en las mallas, el colegiado Gómez Contreras lo invalidó por fuera de juego. Poco después, en el minuto 43, el propio Vall fue objeto de un penalti que Serafín transformó para adelantar al Levante ante el delirio local. La pena máxima la ejecutó magistralmente el delantero granota, un auténtico especialista, que en toda su carrera como futbolista profesional lanzó 106 penaltis y solo falló uno, un dato estadístico absolutamente extraordinario. La gloria estaba muy cerca pero todavía quedaba toda la segunda parte y los nervios, finalmente, hicieron acto de presencia.

Prueba de ello fue el tanto del empate en el minuto 71. Más que mérito del delantero Montalvo fue demérito del portero Rodri que, al medir mal su salida, se tragó el centro chut del peruano que, aparentemente, no llevaba excesivo peligro. Una cantada en toda regla, vamos. El Levante se asomaba al abismo. Otro gol del Coruña empataba la eliminatoria. Pero aquella angustiosa incertidumbre solo duró doce minutos. El tiempo que necesitó Vall para anotar el decisivo y definitivo 2 a 1 final. La jugada para la historia arrancó desde el área granota, donde Domínguez se hizo con el balón, levantó la cabeza, vio a Wanderley desmarcado y le mandó un pase extraordinario. El brasileño, tras un perfecto control, se la dejó a su vez a Vall en el borde del área y este, con un zapatazo que le salió del alma, batió al portero Betancort para certificar el ascenso y entrar para siempre en la historia del levantinismo.

Este fue el balón (marca NITRAM) con el que se disputó el decisivo partido que dio el ascenso al Levante. Las manos que lo sostienen son las de Vall, el autor del mítico segundo gol, que decidió quedárselo al acabar el partido.

Pero aun quedó un último momento de sufrimiento. A falta de tres minutos el colegiado señaló un nuevo penalti contra el Levante (en toda la promoción se le pitaron tres a favor al Coruña) pero el delantero Montalvo envió el balón a las nubes y aquello fue el final apoteósico que certificó el ascenso. Un ascenso por el que, por cierto, cada jugador granota cobró la nada despreciable prima de 125.000 pesetas, un dineral en aquellos tiempos.

Tras finalizar el partido se desveló otro hecho que el gran capitán, Vicente Camarasa, había mantenido en secreto a todo el mundo: Afrontó el partido con casi cuarenta grados de fiebre porque, de ninguna de las maneras, estaba dispuesto a perderse el encuentro más importante de su vida. Y con el pitido final, la explosión general de júbilo y la invasión del césped por parte de los espectadores, el gran Camarasa ya no tuvo fuerzas para nada y, medio desmayado, tuvo que ser sacado del campo en volandas. Épica granota en estado puro.

Camarasa, sacado a hombros medio desmayado, tras concluir el decisivo partido contra el Coruña que jugó con 40º de fiebre.

Y un dato que también habla de la calidad futbolística de los jugadores que disputaron ese partido. Tres años después, cuatro futbolistas presentes aquel día levantaron la Copa de Europa de 1966 vistiendo la camiseta del Real Madrid. Fueron Betancort, Blanco y Veloso por parte del Coruña y Antonio Calpe, evidentemente, por la del Levante.

Tras finalizar el partido se desveló otro hecho que el gran capitán, Vicente Camarasa, había mantenido en secreto a todo el mundo: Afrontó el partido con casi cuarenta grados de fiebre porque, de ninguna de las maneras, estaba dispuesto a perderse el encuentro más importante de su vida. Y con el pitido final, la explosión general de júbilo y la invasión del césped por parte de los espectadores, el gran Camarasa ya no tuvo fuerzas para nada y, medio desmayado, tuvo que ser sacado del campo en volandas. Épica granota en estado puro.

Apoteósica salida a hombros de Vallejo de los futbolistas granotes tras lograr el ascenso. En primer término el delantero Wanderley.

Y para finalizar, otra curiosidad de esta maravillosa foto de aquel día. Sansón, el portero suplente que aparece en el extremo derecho de la imagen, fue el único futbolista de toda la plantilla de aquel año que no jugó ni un solo segundo a lo largo de toda la temporada. Y, sin embargo, quedó inmortalizado para siempre en una de las más fotos más legendarias de la historia granota.