El 7 de noviembre de 1957 el Levante U.D. contactó con su jugador Evaristo Carrió para hacerle partícipe de complicada situación monetaria por la que atravesaba el club por mor de los efectos de la tumultuosa riada que asoló la ciudad en febrero de 1957.

El documento exhibido es un fiel retrato de una sociedad deportiva mutilada por las consecuencias de la catástrofe. El escrito es demostrativo de la vastedad de la hecatombe, de la virulencia de la destrucción, y de las secuelas adicionales desde un prisma económico.

El siniestro alteró de raíz los planes marcados por el club azulgrana en los pagos establecidos con los integrantes de la plantilla. En el caso de Evaristo Carrió el club se vio en la imposibilidad de abonar las tres mil pesetas que había de entregarle con fecha de vencimiento del 20 de octubre de 1957. Las complicaciones se multiplicaban.

En el escrito le advertían de la incapacidad de la entidad para afrontar la siguiente de letra de tres mil pesetas a fecha de vencimiento del 20 de noviembre de 1957. Las causas eran claras. El feudo de Vallejo estuvo fuera de circulación durante algo más de un mes y medio. El Levante permutó el orden de los partidos durante ese tramo de la competición.

No obstante, ese inconveniente tuvo consecuencias funestas ya que privó al club de los recursos necesarios para hacer frente a sus responsabilidades con sus jugadores al no contar con el dinero líquido producto de las taquillas efectuadas en condición de local.

Quizás de fondo subyace una premisa más terrorífica que resalta la gravedad de las finanzas del club en los años cincuenta, agravadas por la venta de pases de quince años para el financiamiento de la compra de Vallejo.