Las primeras referencias sobre la Copa de La España Libre datan de la primavera de 1937. El conflicto bélico alteró la evolución de las competiciones ya institucionalizadas. Durante el mes de mayo de 1937 se plantea prolongar la secuencia cronológica de la competición con la concreción de un nuevo torneo, parangonado al Campeonato de España, que formara parte del relato comprendido por el Campeonato Superregional y La Liga del Mediterráneo. El desafío de la España leal a La República fue mantener la secuencia competitiva de los años anteriores.

Rodríguez Tortajada, presidente del Valencia, fue el inductor de un proyecto que contaba con el beneplácito de Ricardo Cabot y de la Federación Nacional. “Cabot está interesado en que la competición se celebre y a tal efecto piensa darle un carácter oficial que pudiera sustituir a la famosa y tradicional Copa de España” Aseguró Rodríguez Tortajada en el Mundo Deportivo.

El Presidente de La República hizo un guiño a su oficialidad al ofrecer el trofeo que distinguía al vencedor. No obstante, hubo que sortear distintos condicionantes. La composición del torneo fue el principal problema ante el grado de dificultad. Se planteaba reunir a los dos clubes mejor clasificados en el Campeonato Regional valenciano y catalán. No era posible. El Barcelona había marchado a México y el Hércules, subcampeón valenciano, renunció por la imposibilidad de tomar parte en competición alguna. Su situación interna era compleja.

El Gerona sustituiría al Barcelona y el Levante al Hércules. Junto al Espanyol y Valencia compondrían la nómina de entidades que lucharían en un formato inusual.

El Mercantil, El Mundo Deportivo, La Vanguardia ofrecieron pinceladas acerca del formato. Los cuatro equipos quedarían emparejados en una liga regular a modo de fase inicial. El primer y segundo clasificado afrontarían la Final en territorio neutral. Sin embargo, el Levante rehusó a involucrarse en el proyecto, aunque finalmente lo hizo en conveniencia con el Gimnástico. Parte de los jugadores que afrontaron los partidos marcados procedían de las filas del decano.

Los enfrentamientos como local tuvieron al feudo de Vallejo como escenario. La superioridad de la escuadra marina fue una característica indiscutible desde prácticamente el nacimiento del torneo. La igualada ante el Gerona en el coliseo de la calle de Alboraya fue un mero accidente. Las victorias ante el Valencia en Mestalla y ante el poderoso Espanyol como casero dignificaron su ascendencia en la tabla. El segundo tramo siguió unas coordenadas parejas.

El empate en Gerona se correspondió con un nuevo triunfo ante la representación de Mestalla que garantizó su condición de finalista. La derrota en Sarrià ante el Espanyol fue una anécdota. El encuentro que culminaba la hazaña desafiaba las fuerzas del Valencia y Levante en tierras catalanas. Sarrià fue el espacio escogido para el match definitivo. La confrontación estaba pautada para el domingo 18 de julio. Era un día repleto de simbolismo. Un gol de Nieto resolvió la contienda para las huestes levantinas (1-0). La Copa de La España Libre era propiedad del Levante F.C.