El pasado sábado 28 de marzo Vallejo volvió a latir: memoria viva del levantinismo en su centenario. El histórico feudo de la Calle de Alboraya volvió a cobrar vida en una visita guiada que reunió a aficionados del Levante UD y amantes de la historia del fútbol valenciano.

La iniciativa está enmarcada dentro del programa del centenario de la inauguración del estadio.

Esta visita permitió reconstruir sobre el terreno la memoria de un espacio clave en la evolución del club y de la propia ciudad de Valencia.

Un recorrido por el origen

Vallejo volvió a latir: memoria viva del levantinismo en su centenario tuvo su punto de arranque en el entorno donde comenzó todo.

No obstante, el itinerario nació evocando la decisión de los dirigentes del Gimnástico de alzar la fábrica del Campo de Vallejo tras marchar del Stadium. Vallejo vio la luz a finales de noviembre de 1925. Este punto representa el inicio del levantinismo moderno.

Desde ese origen simbólico, la visita avanzó hasta el emblemático Portal de Vallejo, acceso histórico al estadio y lugar cargado de significado.

Es más, asociado a ese espacio tan alegórico nació la popular leyenda de la palmera y el gato.

La geografía emocional de Vallejo

A lo largo del recorrido, los asistentes transitaron por enclaves fundamentales como la antigua sede social situada en los alrededores de la calle Almazora. Este emplazamiento estuvo marcado por episodios tan traumáticos y recordados como la riada de octubre del 57 que asoló la ciudad del Turia.

En Vallejo volvió a latir: memoria viva del levantinismo en su centenario, nos adentramos por la calle Hugo de Moncada recreando el acceso al estadio. No en vano en este lugar, aún es posible identificar restos físicos del viejo campo, elementos que conectan de forma directa con su pasado.

Sin embargo, uno de los momentos más evocadores llegó al recorrer el trazado que ocupaban la tribuna y las gradas.

Asimismo, este viaje permitió a los participantes situarse sobre la antigua superficie del terreno de juego.

Una experiencia que convirtió la visita en un auténtico viaje en el tiempo. El reto era trasladar a los asistentes a la Valencia de los años veinte y a la atmósfera de los días de partido. Como consecuencia, este relato permite comprender la dimensión física y emocional de Vallejo y evocar la expectación previa al acontecimiento deportivo.

Un estadio integrado en la ciudad

El paseo continuó por espacios como la antigua pinada en la esquina de Convento Carmelitas. Según los testimonios fue una zona de encuentro social e incluso acceso clandestino al campo.

Ese sector permitió recrear la panorámica desde la que se divisaban la grada y la cúpula del convento. Quizás sea una de las imágenes más reconocibles del paisaje de Vallejo.

La grada que recaía sobre la calle Alboraya permitió rememorar partidos históricos y la intensidad del ambiente en los años dorados del estadio.

El paso por la zona del actual centro de especialidades sirvió para reflexionar sobre el impacto de los procesos urbanísticos de los años sesenta. Y sin embargo, la transformación del suelo y la progresiva integración del estadio en la trama urbana marcaron el principio del fin de Vallejo.

El edificio médico ratifica la transición de uso deportivo a espacio urbano edificado.

Historia, memoria y despedida

Durante el recorrido también hubo espacio para recordar hitos deportivos y protagonistas como el delantero Silvino.

El atacante gimnastiquista estrenó la cuenta anotadora del feudo de Vallejo en el partido inaugural que enfrentó al Gimnástico y al Saguntino.

Los primeros derbis de la ciudad en la máxima categoría y los choques ante el Barcelona regresaron en el tiempo.

Vallejo volvió a latir: memoria viva del levantinismo en su centenario alumbró episodios imborrables como el último encuentro disputado en el estadio. El Levante y CD Tenerife despidieron Vallejo en la última jornada de la temporada 1967-1968.

Fue un adiós discreto que puso fin a más de cuatro décadas de historia.

Reyes Suárez marcó el gol de un triunfo escasamente celebrado. Es muy posible que Vallejo mereciera una despedida con mayor lustre y abolengo.

La visita, Vallejo volvió a latir: memoria viva del levantinismo en su centenario, concluyó regresando al Portal de Vallejo a través de la calle Poeta Bodría. El acceso actual guarda similitudes con el emplazamiento del pasado.

Fue una manera de cerrar un recorrido circular cargado de simbolismo. Este final refuerza la idea de que, aunque el estadio haya desaparecido físicamente, su huella permanece en el paisaje urbano y en la memoria colectiva.

Vallejo, patrimonio vivo

Vallejo volvió a latir: memoria viva del levantinismo en su centenario es más que una simple ruta. Esta visita guiada reactiva el vínculo emocional entre el levantinismo y uno de sus escenarios fundacionales.

La notable participación confirma que Vallejo sigue siendo un elemento esencial de identidad.

Un lugar donde confluyen historia, ciudad y sentimiento granota.

El próximo jueves 9 de abril a las 18:30 horas el Levante UD repetirá esta experiencia. El levantinismo militante dispondrá de una nueva oportunidad para volver a recorrer los espacios donde, durante décadas, latió el corazón del Campo de Vallejo. Vallejo volvió a latir: memoria viva del levantinismo en su centenario.