La donación de este carnet al Museo Virtual del Levante procede de la familia Calpe-Moliner. Este histórico documento acredita a Antonio Calpe Agulló como guardameta de la sociedad del feudo de Vallejo durante la temporada 1954-1955. El carnet de Antonio Calpe Agulló, el meta que quería jugar en el Levante.
El guardameta falleció recientemente a los 96 años.
Este donativo de la familia Calpe-Moliner enriquece notablemente el patrimonio histórico del Levante. Antonio Calpe conservó durante toda su vida esta credencial. El recorrido que ha emprendido es singular: del ámbito de la más estricta intimidad familiar a su integración en el imaginario colectivo del levantinismo. Tras descansar durante décadas en un cajón doméstico hoy encuentra su lugar en los archivos del Museo Virtual del Levante UD. Es el testimonio de una historia personal y deportiva.
Un documento de la década de los cincuenta
El carnet conserva los elementos habituales de la época. Incluye la fotografía del futbolista y el escudo del Levante UD. También figura la temporada de expedición. Y como suele ser una condición inalterable aparecen las firmas del presidente Antonio Román y del secretario del club. Como consecuencia esta credencial adquiere valor y relevancia.
Se trata de mucho más que un simple cartón.
Es la resistencia ante el paso del tiempo.
Es un testimonio de primer orden de la historia centenaria de la sociedad azulgrana.
El carnet de Antonio Calpe Agulló, el meta que quería jugar en el Levante, constituía un salvoconducto interno dentro de la vida del club. Este pequeño documento conserva una historia muy particular porque simboliza el momento en el que Antonio Calpe pudo cumplir una aspiración largamente perseguida.
Un futbolista lejos de su tierra
Natural de Burjassot, su trayectoria futbolística había transcurrido lejos de su tierra. Se formó como arquero en las filas del Burjassot. Allí descubrió los misterios de la disciplina. No obstante, el servicio militar en el Arma de Aviación significó una variación sustancial en su carrera profesional.
Los ineludibles deberes militares le condujeron hasta Mallorca.
Su condición de cancerbero le guio hasta la portería del Atlético Baleares.
Fueron tres temporadas trufadas con el distintivo que supuso el ascenso del conjunto isleño a Segunda División.
En la escuadra insular germinó la entente entre el guardameta y Gaspar Rubio.
El Mago, una figura esencial del fútbol de los veinte y treinta con pasado levantinista, decidió incorporarlo a su nuevo proyecto en el Orihuela.
El regreso a casa como jugador del Levante
El Levante apostó por Antonio Calpe en el verano de 1954.
El curso recién finalizado había militado en el Badajoz. La propuesta azulgrana encerraba un significado especial. A pesar de haber competido durante años en categoría nacional, Antonio Calpe nunca había tenido la oportunidad de defender a un equipo de su tierra. Él mismo lo explicaba con absoluta claridad en una entrevista concedida al semanario Deportes:
“Ardía en deseos de jugar en un equipo de mi tierra”. El carnet de Antonio Calpe Agulló, el meta que quería jugar en el Levante.
Aquella ilusión pesó más que cualquier consideración económica y resultó decisiva para aceptar la oferta impulsada por el presidente Antonio Román y de La Riva.
Su llegada coincidía con el regreso del Levante a la Segunda División. Antonio Calpe tenía dos desafíos. Quizás el más aristado era competir con Navarro, un portero de condiciones acreditadas bajo los palos. En perspectiva, era un reto superlativo.
“Es un gran portero y un mejor amigo”, afirmaba, convencido de que el puesto debía ganarse únicamente sobre el terreno de juego.
Antonio Calpe confíaba plenamente es sus prestaciones, aunque reclamaba confianza. “Si me dan ocasión, procuraré ganarme el puesto”.
Un equipo con altibajos
El segundo desafío era grupal y advertía de la necesidad de mantener el tipo en la Segunda División tras el ascenso consumado desde la Tercera División. La temporada, sin embargo, no respondió a las expectativas.
El Levante del primer quinquenio de los cincuenta mostraba una versión marcada por la irregularidad.
La escuadra de Vallejo alternaba entre la Segunda y Tercera División sin lograr aclimatarse al segundo escalón del fútbol nacional. Y la temporada no supuso una variación sustancial con una nueva caída al averno de la tercera División. En ese punto concluyó la etapa levantinista de Antonio Calpe. Su carrera volvería a alejarle de Valencia con nuevas experiencias en el Girona y, posteriormente, en el Versalles francés. En tierras francesas protagonizó una trayectoria poco habitual para un futbolista español de aquellos años.
El valor de un sueño perseguido
Setenta años después de su expedición, este carnet ha dejado de ser una simple credencial deportiva para convertirse en un valioso testimonio histórico. Permanece detenido en el tiempo el instante en que un futbolista de Burjassot cumplió un deseo perseguido: vestir la camiseta de un equipo de su tierra. La familia Calpe-Moliner ha decidido que ese recuerdo deje de pertenecer únicamente al ámbito familiar para incorporarse al patrimonio histórico del Levante UD. El carnet de Antonio Calpe Agulló, el meta que quería jugar en el Levante.


