
Junio del 84, un ascenso decisivo para la supervivencia del Levante. Hay ascensos que conducen hasta la Primera División. Y hay ascensos que permiten seguir existiendo. Como corolario, el ascenso de 1984 dimensiona esta segunda reflexión.
Domingo, 3 de junio de 1984. Cuando lo realmente trascendente toma forma.
El Levante saltaba al feudo Santa Fe para afrontar el partido de ida de la primera eliminatoria de la promoción de ascenso ante el Fuengirola. Era indefectible. Como consecuencia, llegaba el momento de la verdad después del tortuoso recorrido liguero por el marco del grupo VI de Tercera División.
Podría advertirse que el curso 1983-1984 se acercaba a su desenlace con la temida promoción de ascenso como epílogo.
Y, por consiguiente, estaba prohibido errar.
Aquel Levante, de hecho, sobrevivía a un destino que se materializaba desde la más absoluta incertidumbre. Es más, parecía el paradigma de la supervivencia más absoluta desde un prisma económico, social y deportivo.
Bordeando el caos se dibujaba el rastro de una institución que amenazaba con naufragar. El 75 aniversario parecía engullir a una sociedad que trataba de metabolizar dos descensos consecutivos desde la Segunda A hasta el infierno de la Tercera División.
La encerrona de Santa Fe y el primer paso hacia el ascenso
Junio del 84, un ascenso decisivo para la supervivencia del Levante.
Al desafío deportivo que marcaba el Fuengirola había añadir un nuevo reto; acomodarse a un escenario que no era el habitualmente utilizado por el Fuengirola.
“El Levante salvó la encerrona de Santa Fe”, advirtió la Hoja del Lunes en el antetítulo de la crónica.
No obstante, el equipo local apeló a la emboscada para tratar de poner en franquicia la eliminatoria. El otro fútbol estuvo presente en la eliminatoria.
Aquel Levante no concitaba la atención del tiempo presente.
La mayoría de las reseñas publicadas en los medios de comunicación de la ciudad ni tan siquiera mostraron imágenes de aquella confrontación.
Una semana más tarde la eliminatoria quedó resuelta en el marco del hoy Ciutat de València.
El grupo que conducía Tatay aplastó literalmente a su oponente ante el delirio de una afición entregada a la causa (6-1). Aquel domingo de junio las gradas rebosaban pasión y lirismo.
Un club exhausto que necesitaba abandonar la Tercera División
Un Levante arrebatador borró de la faz del verde al conjunto malacitano. Los latidos de la fallida promoción de ascenso ante el Ensidesa en el ejercicio 82-83 todavía seguían resonando.
Y aquella plantilla era consciente de esa absoluta necesidad.
Junio del 84, un ascenso decisivo para la supervivencia del Levante.
“Sabíamos que el club no podía seguir mucho más tiempo en Tercera División. Era una categoría deficitaria. El Levante en Tercera División no tenía ningún tipo futuro. Era inviable seguir ahí. Necesitábamos ascender y salir de ese espacio”.
La voz de Latorre pone recuerdos a una de las etapas más oscuras y tenebrosas de la historia azulgrana.
“A veces cuando saltabas al campo te daban ganas de ir a saludar uno a uno a los aficionados que venían a ver nuestros partidos”, comenta el propio Latorre dibujando una leve sonrisa.
No era una metáfora.
En realidad, era una imagen dantesca del aspecto espectral que envolvía la grada de Ciutat en aquellas jornadas tornasoladas.
Durante la primera mitad de los años ochenta el Levante perdió músculo social. Y tardó décadas en contrarrestar esa diáspora.
Fueron tiempos de plomo.
Y a ese sentimiento de expatriación de capital humano se unía una desgarradora crisis económica.
“Por aquellos tiempos estuvimos varios meses sin cobrar”, rememora Martínez Puig al echar la vista hacia atrás en una entrevista en el Museo Virtual.
Junio del 84, un ascenso decisivo para la supervivencia del Levante.
“Fueron momentos muy complicados, pero teníamos un buen grupo. De lo contrario no hubiéramos aguantado”, resume.

180 minutos a cara o cruz ante el Orense
No obstante, el Ciutat de Valencia mostró una de sus mejores versiones colectivas en el partido que abría la eliminatoria decisiva ante el Orense.
No había incógnitas por resolver. Las consignas estaban establecidas.
Por lo tanto; 180 minutos a cara o cruz.
Aquel duelo nació marcado por la ventura del gol conquistado por Claudio ya cercando el epílogo.
El Levante cercó la portería gallega durante la totalidad del choque.
Su superioridad fue recurrente, pero los márgenes eran estrechos.
No era el botín más resplandeciente para hallar la paz espiritual en el partido de retorno en Orense. Y sin embargo, la ventaja era manifiesta. No es un contrasentido.
Martínez Puig echó el candado sobre su portería en Orriols.
Y ese aspecto en ese tipo de eliminatoria podía ser definitorio. El encuentro germinó desde la esperanza. Noventa minutos de resiliencia para abandonar el purgatorio de la Tercera División. Un ejercicio de resistencia para abrir una vía alternativa para un club exhausto.
O Couto y el ascenso que aseguró la viabilidad del Levante
La confrontación en el legendario Estadio de O Couto generó infinidad de leyendas urbanas que el tiempo ha desenmascarado. Latorre, quizás uno de los grandes protagonistas de aquella cita, recuerda que su inclusión en el once estaba en entredicho en los albores del duelo.
“Tatay tenía previsto que no partiera como titular aquel día”, relata el centrocampista.
“Tatay se reunió con los jugadores más veteranos para preparar la cita. La previsión era que yo entrara con el partido en marcha, pero algunos compañeros le pidieron que meditara la decisión. Yo era un diésel sobre el campo y me costaba entrar en acción cuando ingresaba desde el banquillo”.
Pese a las dudas primigenias Latorre fue ungido con la condición de titular. Y dejó su estela en el feudo orensano.
La imagen es realmente sugestiva y aclaradora. Latorre se fundió en un sentido abrazo con Óscar ante la mirada de Claudio. Esa ilustración ha perdurado sobre el paso del tiempo.
Es una lámina icónica para definir los años ochenta.
Es la estampa que refleja la trascendencia del gol que rompía la igualdad del duelo definitorio.
Bernabéu fuerza su memoria para evocar aquella cita.
“Del partido de Orense recuerdo una pequeña encerrona: hacía un sol de mil demonios, pero el campo estaba totalmente embarrado”.
El Orense logró cercenar la meta de Martínez Puig. No obstante, el Levante se pertrechó con valentía y osadía para mantener una igualada convertida en el pasaporte hacia la Segunda División B.
Quizás no había una fórmula más estimulante para festejar el 75 aniversario de la institución azulgrana.
“Recuerdo que la afición vino a recibirnos a las Torres de Serranos cuando regresamos a Valencia. Vino bastante gente a compartir con nosotros este éxito. Aquella afición estaba necesitada de alegrías”, sostiene Bernabéu cuatro décadas después.
“En perspectiva aquel ascenso del 84 fue determinante para la viabilidad del club. Es posible que ascender a Primera tenga más repercusión, pero hay otros ascensos que han sido trascendentales para mantener con vida al Levante. Y es ascenso del 84 fue uno de ellos”, manifiesta sin ambages Latorre. Junio del 84, un ascenso decisivo para la supervivencia del Levante.
