
Paredes voló sobre el cielo de Vallejo para cazar con la cabeza un balón que se alojó en el fondo de la portería del mítico Eizaguirre. El gol a lo Amberes de Paredes en el debut de Wilkes. Así catalogó la diana la prensa contemporánea valenciana.
Fue uno de esos goles con capacidad absoluta para amedrentar e intimidar al rival.
Un instante fugaz y eterno
Aquellos que vieron el gol a lo Amberes de Paredes en el debut de Wilkes lo recuerdan como un instante fugaz y efímero.
Suele acontecer en la génesis de la suerte suprema del fútbol.
Por la mente del atacante únicamente surgió la posibilidad de alcanzar el cuero y acertar a dirigirlo en dirección hacia la portería de Osasuna de Pamplona.
No evaluó más contenidos que el hecho de celebrar a posteriori el gol a lo Amberes en el debut de Wilkes.
Una causa que conlleva un efecto inmediato. Nada más.
Descartó el peligro que podía entrañar desde un plano físico. Desechó el inminente riesgo que podría conllevar un hipotético choque contra el defensa que trataba de oponerse a las intenciones del delantero blaugrana.
El origen de la jugada
La lucha tribal por el gol germina desde situaciones que resultan totalmente contradictorias.
El relato del gol nació con un centro al corazón del área navarra procedente desde las botas de Vila.
En ese momento, Paredes perdió el sentido que emana del tiempo para firmar un gol a lo Amberes en el debut de Wilkes.
No había nada en el mundo que adquiriera más trascendencia que aquel balón que se acercaba peligrosamente hacia la meta de la escuadra pamplonica.
La ejecución perfecta
El ariete estudió con detalle la situación mientras pisaba con decisión el territorio que defendía su enemigo.
De inmediato procesó las coordenadas y estableció un plan de ejecución. Hacer converger el espacio y el tiempo era la única premisa que valoraba en ese momento.
Vallejo seguía con expectación el relato de aquella acción.
Paredes se lanzó en plancha.
Obvió el riesgo que conllevaba partirse la crisma con la testa de su oponente, pero alcanzó el esférico una milésima de segundo antes.
“En un alarde de decisión, valentía, pundonor y furia española, clavó la cabeza con ímpetu y remató a la red”, redactó Banderín.
La firma de Banderín capitalizaba la crónica de Deportes del duelo entre Levante y Osasuna en el feudo de la Calle de Alboraya.
Un partido especial
Lo cierto es que no era un partido cualquiera, pese a que no estaba revestido de la oficialidad que le confiera la competición.
El enfrentamiento significó el debut de Faas Wilkes con la elástica azulgrana.
Quizás ese aspecto activara todavía más la conciencia de Paredes.
Y es posible que el gol a lo Amberes en el debut de Wilkes estimulara su espíritu. Realmente fue mucho más que un gol. Aquella diana llevaba implícita un mensaje de redención. Paredes estaba dispuesto a luchar contra todo. Nada, ni nadie se iba a interponer entre el gol y su figura. Quizás era el anuncio que conllevaba ese gol.

Paredes ante la sombra de Wilkes
El fichaje de Wilkes parecía ensombrecer su futuro más inmediato en las filas del Levante al menos como dueño absoluto del área rival.
Y sin embargo nadie podía obviar el ascendente del atacante nacido en Albal sobre el ecosistema futbolístico de la entidad blaugrana.
En realidad, el gol fue propiedad de Paredes prácticamente desde su misma conversión en jugador azulgrana en el verano de 1956.
Y así lo fue hasta su marcha al Valencia a la conclusión del curso 1959-1960.
Un contexto de transformación
Habría que realizar un ejercicio de introspección para entender las sensaciones que debían embargar a Paredes en la epifanía del ejercicio 1958-1959. Wilkes parecía mutar todo con su sola presencia.
Y parecía imponer un paisaje muy diferente al desarrollado hasta entonces.
Es posible imaginar que a Paredes le costara metabolizar el sentido de esta contratación que revolucionó el imaginario del club granota desde que se hizo pública. Incluso expresó esas dudas en los medios de comunicación.
No obstante, los que conocieron en profundidad a Paredes acentuaban entre sus caracteres su perseverancia, su insistencia en la defensa de sus ideales y su entrega.
Y además acentuaban su exacerbada pasión por la disciplina del fútbol como conducto para superar la adversidad.
Y sobre el verde había mostrado una extremada capacidad de superación.
Carácter y resistencia
Hijo de la cruel postguerra, la autarquía moldeó su espíritu haciéndolo inquebrantable.
Así que decidió amotinarse y recuperar un espacio sobre el verde que creía legitimado a resguardar.
Un gol que eclipsó el debut
Paredes capitalizó la cita amistosa ante Osasuna y logró un gol a lo Amberes en el debut de Wilkes.
Es una evidencia que eclipsó al holandés, aunque tuvo que reconvertirse sobre el campo y partir como interior izquierdo durante el recorrido del curso liguero.
No obstante, esa sensible lejanía con el marco de la portería contraria no desterró la esencia del gol.
Paredes festejó nueve dianas en el ejercicio 58-59 en Liga. Wilkes anotó trece goles.
Un año después abandonó el Levante con la condición de máximo goleador del Grupo II de la Segunda División. Trufó la campaña 59-60 con la obtención de 25 goles.
Y sigue siendo uno de los anotadores históricos del Levante.
El epílogo de Banderín
“La presencia de Wilkes estimuló poderosamente a Paredes que hizo un encuentro extraordinario y consiguió un gol fantástico. Y eso que tuvo que sufrir el fuerte marcaje de González”, firmó como epílogo de la crónica Banderín.
